El mercado de bonos esconde algo serio

• No se ha visto un mercado bajista aún

• ¿Por qué puede ser distinto en 2019?

• La amenaza para acciones y bonos

Los mercados de acciones tuvieron un comportamiento muy feo la semana pasada. Wall Street cayó más de un 4% semanal y dejó señales muy negativas.

Dentro de este escepticismo, hay algunas oportunidades para destacar, como la que puede ver aquí.

Más allá de la renta variable, hoy quiero detenerme en el mercado de bonos

Si es un inversor mayor a los 45 años, seguramente le interesará lo que le diga, ya que los bonos han ido conformando una participación mayor en su cartera en función de su aversión al riesgo más elevada.

Pero aun si es un inversor menor a esa edad, cuya propensión a tomar riesgos es más alta y por tanto evita los bonos, también le interesará lo que tengo para decirle por el impacto que puede tener en los activos que componen su cartera.

Así que avancemos…

El equivalente del S&P 500 (índice representativo de acciones más importante del mundo) para el mercado de bonos es el índice Bloomberg Barclays US Aggregate Bond, un instrumento que está compuesto por más de 8.200 activos de renta fija y cuyo valor de mercado se acerca a los 15 billones de dólares (casi 75% del PIB de Estados Unidos).

Desde 1980 a la fecha, el índice ha tenido un rendimiento anual según describe la tabla a continuación:


Seguramente en 2018, los bonos como inversión cerrarán con pérdidas, sumándose al rojo que se observa en el resto de los activos financieros como por ejemplo las acciones, commodities o monedas. Este año ha sido realmente muy pobre para las carteras de los inversores.

Pero lo que sería realmente preocupante hacia adelante es que los bonos podrían repetir un año de retornos negativos en 2019, llevando al primer mercado bajista en bonos desde 1980.

Para entender un poco más el porqué de esta situación observemos el siguiente gráfico…


La caída en el precio de los bonos ha sido consecuencia del reacomodamiento de las tasas de interés de corto plazo que comenzó la Reserva Federal en diciembre de 2015. Ya llevamos ocho movimientos alcistas, teniendo también un impacto ascendentes en las tasas más largas, como la del bono del Tesoro a 10 años.

Si bien es cierto que este rendimiento viene subiendo, llegando a la zona del 3% anual, en términos de las perspectivas históricas dicho nivel es extremadamente bajo (ver gráfico). De allí que no sería descabellado ver en 2019 un mercado bajista en los bonos.

¿Qué puede seguir motorizando la subida de las tasas de largo plazo? 

1) La Reserva Federal planea continuar subiendo sus tasas de interés de corto plazo con el fin de normalizar su política monetaria y evitar un sobrecalentamiento de la economía. Pese a que recientemente Jerome Powell, presidente de la entidad, señaló que el costo de dinero está cerca de su nivel neutral (abriendo la puerta a una pausa en el ciclo alcista de tasas de interés), seguramente veremos más alzas en 2019.

2) La inflación está subiendo en Estados Unidos. Si bien el incremento en el coste de la vida ha sido controlado, lo cierto es que el mercado laboral cerca del pleno empleo presiona a los salarios y eso a los precios de toda la economía en general. A su vez, las consecuencias de la guerra comercial se hacen sentir en la inflación, encareciendo las importaciones estadounidenses lo que lleva un traslado a los precios del consumidor.

3) La deuda se incrementa y eso preocupa a los inversores. En la actualidad, el endeudamiento total de Estados Unidos llegó a US$ 21,2 billones, llegando al 104% del PIB norteamericano. Los actuales niveles no son del todo saludables y si los inversores perciben que hay un riesgo creciente en el cumplimiento de las obligaciones por parte de Estados Unidos, le pedirán una mayor recompensa por tener los bonos de ese país, lo que se traduce en mayores tasas de interés futuras.

Desde ya que esta situación genera incertidumbre y tiene un impacto directo sobre los bonos como vehículo de inversión. Pero también tiene su impacto sobre las acciones: tasas de interés más altas implica que la riqueza que puedan generar las empresas en el futuro tengan un menor valor en el presente (se la descuenta a una tasa mayor) por lo que las cotizaciones de la renta variable deberían ajustarse a la nueva realidad.

Vigilar este proceso será clave durante las próximas semanas de manera tal que podamos reforzar las estrategias adecuadas para nuestras carteras de inversión.

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