Archivo10 diciembre, 2018

El secreto mejor guardado de un asesor financiero

¿Qué es invertir?, me preguntó el hijo de 7 años de edad de un amigo en un asado el pasado domingo. Le di una respuesta para salir del paso sin que sonara demasiado técnico para él, aunque luego me quedé pensando largas horas sobre ese proceso llamado inversión.

Invertir no es exactamente encontrar la próxima acción que multiplique por 10 su valor («ten bagger» según la nomenclatura de Peter Lynch). Tampoco implica tener en la cartera los fondos comunes que estén de moda. Y menos aún denominarse un inversor de largo plazo, como si todo esto se tratare de una religión o de un partido político.

Invertir, en primer lugar, es saber cuáles son sus objetivos financieros de largo plazo. En segundo término, implica conocer los mercados para saber qué se puede esperar de ellos. Y, finalmente, en base a sus objetivos y el conocimiento que haya incorporado, tener la psicología o enfoque personal adecuado en las inversiones. Todo lo demás es secundario y hasta bastante folclórico.

Por otra parte, sepa que tanto los jugadores de Wall Street como de la Bolsa local quiere su ahorro más que nadie, porque a partir de él puede cobrarle una comisión por operación y otra por mantenimiento de cuenta comitente. Poco le importa si usted gana o pierde dinero ya que es, al fin y al cabo, simplemente un número. Esto no es nada personal contra usted, es así como funciona el sistema y el esquema de incentivos humanos.

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